SALUD 21/08/2014 00:03

“Tardaron tres años en dar con el diagnóstico, deambulé por 21 consultorios y nadie podía identificar la enfermedad. “, dice la psicóloga Nancy Campello, quien convive día a día con hipertensión pulmonar.

Descubrí mis síntomas un día del año 2000, apenas nació mi hija, cuando vi un video que había grabado mi marido mientras le daba el primer baño a la bebé. Mi marido puso el volumen alto y escuchamos la fatiga que tenía en ese momento. Aun con esa evidencia, lo justifiqué atribuyéndolo al posparto.

Tardaron tres años en dar con el diagnóstico, deambulé por 21 consultorios y nadie podía identificar la enfermedad. Me decían que era asma-alérgica, que eran ataques de pánico, que se trataba de problemas en el hígado, problemas en la vesícula, hasta que finalmente, después de haber sufrido un síncope (desmayo) en la vía pública, me hicieron un ecodoppler cardíaco y ahí se llegó al diagnóstico de hipertensión pulmonar.

En ese momento tenía 180 de presión pulmonar y general. Era tan serio que me dieron un pronóstico de vida de entre seis meses a un año. Me dijeron que era una enfermedad de carácter terminal. En el país no se manejaban varios medicamentos para tratarla como es posible ahora y las chances de sobrevida prácticamente eran nulas.

Frente a esa situación tuve un shock, con mucha dificultad para salir adelante.
Hice lo que en general hacen todas las personas: primero negar, después enojarme mucho, posteriormente, atravesar una tristeza muy profunda, hasta que finalmente llegó el momento más pleno, que es la aceptación, y que fue acompañado en mi vida por la llegada del primer fármaco para la HP, al cual respondo muy bien.

El ser psicóloga me ayudó muchísimo a aprender a mirar la vida de un modo totalmente diferente, pero no como una cosa que se dice de la boca para afuera, sino como algo que realmente se siente. Es decir, entender que uno ama la vida porque desea vivir y cuando uno ama la vida lo hace a pesar de la adversidad, del dolor que se van superando lentamente.

Aprendí a escuchar mi cuerpo. Hago a mi ritmo, no puedo correr, ni subir rápido una escalera, lo hago muy despacio, cuidando mi corazón. Tampoco camino por la calle hablando por celular. Tomo los medicamentos a la hora indicada, como sin sal, realizo actividades que me generen alegría, y la asociación es una pasión que me motoriza.

Con otra paciente que ya falleció creamos hace cinco años Hipertensión Pulmonar Argentina. La asociación nació porque entendíamos que éramos privilegiadas al haber llegado a un diagnóstico, al acceder a especialistas del país –que los hay y son excelentes– y a los medicamentos.

Esta enfermedad genera una discapacidad visceral: las personas o pierden el trabajo o terminan jubilándose y esto genera impacto emocional y económico. En la asociación aunamos personas de todos los sectores económico-sociales y representamos a todo el país.

Seguimos encontrando pacientes con diagnóstico tardío, por desconocimiento sobre la enfermedad de parte de los médicos. Cuando alguien nos dice “hacía tanto que esperaba esto”, es realmente emocionante.
Hasta ahora, hemos defendido la situación de 171 pacientes que siguen con vida, y que ahora tienen obra social y tratamiento.
No sé cuánto voy a vivir, pero no cambiaría por nada estos 10 años que llevo vividos, ni por los años anteriores. Vivo el momento.

*Psicóloga. Presidenta de Hipertensión Pulmonar Argentina (Hipua)

http://www.lavoz.com.ar/salud/hipertension-le-dieron-6-meses-de-vida-y-lleva-10-anos-respirando